La seriedad de la vida

Resumen: La vida radica en su carácter serio e inexorable. Sin el combate por el bien, no es digna de ser vivida. Para llevarlo a cabo, es necesario, vivir despiertos a través de una mirada penetrante, llena de amor. El intelecto es luz amiga, a la que la sensibilidad y sus tendencias naturales tien...

Descripción completa

Guardado en:
Detalles Bibliográficos
Autor principal: Fernández, María del C.
Otros Autores: Semana Tomista : vida virtuosa y política (39ª : 2014 : Buenos Aires)
Formato: Documento de conferencia
Lenguaje:Español
Publicado: Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letras 2019
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/4187
Aporte de:
Descripción
Sumario:Resumen: La vida radica en su carácter serio e inexorable. Sin el combate por el bien, no es digna de ser vivida. Para llevarlo a cabo, es necesario, vivir despiertos a través de una mirada penetrante, llena de amor. El intelecto es luz amiga, a la que la sensibilidad y sus tendencias naturales tienden, para que sea su regla y su norma. Ver es esencial a una vida virtuosa. La prudencia es la madre de todas las virtudes cardinales. Ella forma parte de la definición del bien. Este consiste en que la razón perfeccionada por el conocimiento de la verdad, informe y plasme el querer y el obrar. La luz ilumina al hombre para su realización, libre, responsable y solidaria. Nadie puede realizarse de no mediar la co-rrealización con los otros seres, que hacen posible la propia. La participación es el fundamento de la comunidad. En ella la actitud de solidaridad tiene ante su vista el bienestar del conjunto, disponiéndose a la búsqueda del beneficio común. La persona se considera miembro de un pueblo, sintiéndose llamada al cumplimiento de determinados cometidos en él mismo. El mandamiento: ¡Amarás! Contiene el sentido de su acción: ¡Al prójimo, como a ti mismo!