De telarañas y laberintos. A propósito de una lectura de John Locke
Pocas veces un título ha sido mejor elegido. La ley natural en la telaraña de la razón es uno de los trabajos que dedica el querido amigo y profesor Juan Fernando Segovia al pensamiento de John Locke. Acierta con toda precisión cuando para referirse al derecho natural racionalista, y empirista en e...
Guardado en:
| Autor principal: | |
|---|---|
| Formato: | Parte de libro |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
Marcial Pons
2026
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/21025 |
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I33-R139-123456789-210252026-02-25T05:01:13Z De telarañas y laberintos. A propósito de una lectura de John Locke Lezica, Miguel Juan Ramón de DERECHO PUBLICO DOCTRINAS POLITICAS Locke, John, 1632-1704 Pocas veces un título ha sido mejor elegido. La ley natural en la telaraña de la razón es uno de los trabajos que dedica el querido amigo y profesor Juan Fernando Segovia al pensamiento de John Locke. Acierta con toda precisión cuando para referirse al derecho natural racionalista, y empirista en el caso lockeano, lo califica de telaraña. La imagen es muy pertinente no solo por la diagramación geométrica, sino porque salvo para la araña que teje con noción (instintiva) preconcebida de su obra, es imposible para cualquier otro transitar por allí sin quedar adherido a la tela y arrastrar trozos de ella al avanzar. El tránsito es forzado y destructivo a la vez. Cómo se verá en estas líneas el discurrir de Locke y del racionalismo en general podría también describirse con la figura del laberinto. Y traigo esto a colación porque sin nombrarlo, el profesor Segovia aporta la solución de otro argentino. El gran poeta Leopoldo Marechal afirmaba que de todo laberinto se sale por arriba. Y esto es lo que surge de la comparación permanente que hace el profesor Segovia entre el llamado derecho natural racionalista y el derecho natural de cuño aristotélico tomista y romano. El viejo derecho encuentra su fundamento en el orden de la naturaleza que se hace inteligible a la luz de la ley eterna. El otro, el racionalista, y empirista en el caso de Locke, es un constructo cuyo punto de partida es la sola inteligencia humana desgajada de todo lo que no sea ella misma. Y si bien en Locke no se explica la ley natural sin Dios, éste es sencillamente un supuesto de la razón que posibilita una explicación. «… si recurrimos a la doctrina gnoseológica del Ensayo sobre el entendimiento humano, Dios es una idea que el hombre revela o construye a partir de las criaturas, especialmente del conocimiento de sí mismo.» La razón es así la única instancia legítima de conocimiento, Dios es, porque la razón así lo afirma. Se trata además como veremos, de una razón que no intelige el orden de lo real, sino que más bien lo construye y en su caso se le impone. Pero se trata de una razón encerrada en sí misma. Para Locke el conocimiento se reduce a contenido o modificación de la conciencia. Estaríamos ante una facultad ¿discursiva? que no toca lo real. Una telaraña, o un laberinto cuyos puntos de partida hacen imposible ver que de todo laberinto se sale por arriba. 2026-02-20T19:09:33Z 2026-02-20T19:09:33Z 2022 Parte de libro 9788413815657 https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/21025 spa application/pdf Marcial Pons Ayuso, Miguel (ed.). Experiencia, doctrinas políticas y derecho público la lectura histórico-filosófica de Juan Fernando Segovia. Marcial Pons, 2023 |
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Universidad Católica Argentina |
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Pocas veces un título ha sido mejor elegido. La ley natural en la telaraña de la razón es uno de los trabajos que dedica el querido amigo y profesor Juan Fernando Segovia al pensamiento de John Locke. Acierta con toda precisión cuando para referirse al derecho natural racionalista, y empirista en el caso lockeano, lo califica de telaraña.
La imagen es muy pertinente no solo por la diagramación geométrica, sino porque salvo para la araña que teje con noción (instintiva) preconcebida de su obra, es imposible para cualquier otro transitar por allí sin quedar adherido a la tela y arrastrar trozos de ella al avanzar. El tránsito es forzado y destructivo a la vez.
Cómo se verá en estas líneas el discurrir de Locke y del racionalismo en general podría también describirse con la figura del laberinto. Y traigo esto a colación porque sin nombrarlo, el profesor Segovia aporta la solución de otro argentino. El gran poeta Leopoldo Marechal afirmaba que de todo laberinto se sale por arriba.
Y esto es lo que surge de la comparación permanente que hace el profesor Segovia entre el llamado derecho natural racionalista y el derecho natural de cuño aristotélico tomista y romano. El viejo derecho encuentra su fundamento en el orden de la naturaleza que se hace inteligible a la luz de la ley eterna. El otro, el racionalista, y empirista en el caso de Locke, es un constructo cuyo punto de partida es la sola inteligencia humana desgajada de todo lo que no sea ella misma.
Y si bien en Locke no se explica la ley natural sin Dios, éste es sencillamente un supuesto de la razón que posibilita una explicación. «… si recurrimos a la doctrina gnoseológica del Ensayo sobre el entendimiento humano, Dios es una idea que el hombre revela o construye a partir de las criaturas, especialmente del conocimiento de sí mismo.» La razón es así la única instancia legítima de conocimiento, Dios es, porque la razón así lo afirma. Se trata además como veremos, de una razón que no intelige el orden de lo real, sino que más bien lo construye y en su caso se le impone.
Pero se trata de una razón encerrada en sí misma. Para Locke el conocimiento se reduce a contenido o modificación de la conciencia. Estaríamos ante una facultad ¿discursiva? que no toca lo real. Una telaraña, o un laberinto cuyos puntos de partida hacen imposible ver que de todo laberinto se sale por arriba. |
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