Justicia y misericordia divina en la vida terrena y la vida eterna

En esta presentación expondremos cómo atribuye santo Tomás la justicia y la misericordia a Dios, para luego establecer una perfecta armonía entre ellos. Cuando el Aquinate se pregunta si en Dios hay justicia explica que Él obra justamente dando a cada creatura lo que por su naturaleza y condición...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Izquierdo, Rosario
Formato: Documento de conferencia
Lenguaje:Español
Publicado: Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letras 2025
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/20487
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Descripción
Sumario:En esta presentación expondremos cómo atribuye santo Tomás la justicia y la misericordia a Dios, para luego establecer una perfecta armonía entre ellos. Cuando el Aquinate se pregunta si en Dios hay justicia explica que Él obra justamente dando a cada creatura lo que por su naturaleza y condición se le debe. Luego, al preguntarse por la misericordia divina explica que esta consiste en “remediar las miserias, entendiendo por miseria un defecto cualquiera”. Tomás de Aquino no sólo se limita a sostener que ambos atributos son perfectamente conciliables en Dios, sino que de la misericordia es plenitud de la justicia. Esto lo explica al menos de dos maneras. Por una parte, porque cualquier obra de justicia presupone la de misericordia, ya que la creación fue realizada en virtud de la misericordia de Dios, es decir, de su amor benevolente. Por otra parte, la misericordia viene a colmar la justicia cuando Dios da a los hombres mucho más de lo que la estricta justicia distributiva exige, derramando con creces gracias en ellos no solo para que puedan alcanzar el fin que por naturaleza les compete sino dándoles gracias para una vida sobrenatural. Además explica cómo en las penas eternas del infierno y en la gloria eterna de los bienaventurados también manifiestan la justicia y la misericordia en Dios. Por ejemplo, en la condenación del impío, si bien no aparece la misericordia perdonando del todo sus culpas, si está presente mitigando las penas de este. Del mismo modo, en la conversión del pecador aparece la justicia, pues Dios persona en proporción al amor del alma arrepentida, amor, por cierto, que él mismo le infunde misericordiosamente. Así lo vemos en el Evangelio cuando Dios persona a la pecadora arrepentida: remittuntur ei peccata multa, quoniam dilexit multum.