Culpabilidad en el aborto y gracia redentora
Ante todo, debemos aclarar que cuando hablamos de la culpabilidad en el aborto se entiende en el sentido del aborto directamente provocado, es decir aquel que pone de manifiesto la intención de producir la muerte de una persona humana dentro del vientre materno. Es esa intencionalidad, la de prod...
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| Formato: | Documento de conferencia |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
2024
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| Acceso en línea: | https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/18649 |
| Aporte de: |
| Sumario: | Ante todo, debemos aclarar que cuando hablamos de la culpabilidad en el aborto se
entiende en el sentido del aborto directamente provocado, es decir aquel que pone de
manifiesto la intención de producir la muerte de una persona humana dentro del vientre
materno. Es esa intencionalidad, la de producir el “homicidio intrauterino” la que se hace
merecedora del reproche moral y por lo tanto jurídico.
Como bien sabemos, el embrión es una persona “albergada en el vientre materno”.
Esta es su “circunstancia accidental de lugar” en el marco de las categorías del ser de
Aristóteles, circunstancia que en nada altera su esencia plenamente humana. Tratándose
además de una persona indefensa e inocente no cabe justificación alguna para proceder a su
eliminación. Como bien señala Santo Tomás: “De ningún modo es permitido matar al
inocente”
1
.
La culpabilidad surge así como el juicio de reproche moral y jurídico que despierta el
obrar ilícito. A su vez, desde el punto de vista psicológico, se traduce en una emoción
displacentera que experimenta la persona que ha cometido el acto ilícito.
El obrar ilícito de quien provoca un aborto constituye a su vez una manifestación de la
anticultura, esto es, una abierta contradicción con “aquella actividad transformadora que el
hombre realiza sobre algo sustancialmente dado en pos de su propio perfeccionamiento”, a
modo de creación segunda o relativa2
y a lo que llamamos precisamente “cultura”. Así,
hablar de “cultura de la vida” resultaría en cierto modo una tautología y hablar de “cultura de
la muerte” una contradicción ontológica.
Como nos recuerda G. Ponferrada “El término cultura designó en la antigüedad y en
la edad media ya el cultivo agrícola, ya el culto religioso, relacionados ambos sentidos con la
vida”.
3 Y si “la raíz etimológica de cultura nos remite al verbo cultivar y la de la palabra
vida nos remite a “vituallas”, alimentos, y la arcaica diosa de la alimentación era Victa y el
verbo “vivo”4
, la estrecha relación de ambos conceptos aparece de modo evidente. Y subyace
como elemento común a ambos la idea del movimiento. El cultivo exige movimiento (arar la
tierra por ejemplo) como que vivir es también movimiento. La muerte es en ese sentido, fin
del movimiento. Por lo tanto, si cultura es vida, aborto es anticultura porque es muerte. |
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