Vaslav, Rómola y Diáguelev: encuentros posibles e imposibles

Vaslav Nijinsky (1889-1950) fue un bailarín y coreógrafo ruso, considerado uno de los padres de la danza moderna.A diferencia de otros artistas, el inicio de la relación con su esposa, Rómola Pulzky, significó el comienzo del fin para el bailarín. Esta relación se inicia en el momento mismo de su ca...

Descripción completa

Guardado en:
Detalles Bibliográficos
Autor principal: Machado, María Inés
Formato: Objeto de conferencia Resumen
Lenguaje:Español
Publicado: 2017
Materias:
Acceso en línea:http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/70316
Aporte de:
Descripción
Sumario:Vaslav Nijinsky (1889-1950) fue un bailarín y coreógrafo ruso, considerado uno de los padres de la danza moderna.A diferencia de otros artistas, el inicio de la relación con su esposa, Rómola Pulzky, significó el comienzo del fin para el bailarín. Esta relación se inicia en el momento mismo de su casamiento, del que Vaslav dirá: “me casé por casualidad”, durante una gira en la que llamativamente viaja solo. Hasta ese entonces, Nijinsky viajaba siempre acompañado por su representante, Sergei Diáguilev, con quien mantenía una relación simbiótica, no sólo a nivel comercial sino afectivo-sexual. Es en la ruptura de esta relación simbiótica que parece instalarse su relación con Rómola. Lo inesperado de este casamiento hace que se vuelva enigmático qué fue lo que empujó a Nijinsky a realizarlo. Sin embargo, lo más relevante fue lo que siguió. Diáguilev, al enterarse, lo despidió de la compañía. Esta ruptura implicó un antes y un después en la vida del bailarín. De sus testimonios, se deduce cómo Diáguilev implicó para Nijinsky un movimiento de localización de un Otro, lugar que luego en sus diarios pasará a ocupar Dios. Al parecer, esta solución que posibilita la localización del goce en exceso por fuera del cuerpo le permitirá incursionar en el lazo social y crear con su cuerpo. Una relación a un Otro que recuerda en mucho a la que Schreber estableció con su Dios, bajo la forma del abuso. Si bien por momentos aparece como un Otro gozador, ordenándole qué hacer, también es un Otro al que le hace falta: Nijinsky nunca puso en duda el amor de Diáguelev o de Dios por él, sí en cambio el de su mujer.