Los relatos a la hora de la siesta
La oscuridad de la noche ingresa a la habitación por la ventana de la celda del muerto, la noche está en curso, pero el sol parece haber dejado su huella en el sofocante calor que reina pese a la brisa diminuta del viento. Tal vez sean las diez, las once de la noche pero el clima remite a la hora d...
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| Autor principal: | |
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| Formato: | Articulo |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
2007
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/30441 http://perio.unlp.edu.ar/ojs/index.php/question/article/view/362 |
| Aporte de: |
| Sumario: | La oscuridad de la noche ingresa a la habitación por la ventana de la celda del muerto, la noche está en curso, pero el sol parece haber dejado su huella en el sofocante calor que reina pese a la brisa diminuta del viento.
Tal vez sean las diez, las once de la noche pero el clima remite a la hora de la siesta. Esa hora interminable, agobiante pero al mismo tiempo placentera y artífice de inspiración. Ya lo decía Macedonio Fernández: “En la hora de la Siesta se produce el Misterio del Pensamiento en su entera lucidez y en pleno ejercicio de la Todo-Posibilidad de la imaginación y la inventiva”. En esta extraña hora, sin prestigios intelectuales, Macedonio ubica el centro de su potencia inteligente. En 1940, le dedica a la Siesta un extenso y hermético poema titulado: “Poema de trabajos de estudios de las estéticas de la siesta”. La Libertad, y Los Muertos de Lisandro Alonso, La ciénaga y La Niña Santa de Lucrecia Martel parecieran ubicarse en una especie de “estética de la siesta”.
Ese lenguaje que se construye inacabable e inaccesible en el letargo de los films. |
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