Observatorios subterráneos, cámaras obscuras y telescopios solares
Nuestras investigaciones de campo, realizadas por más de tres décadas en una veintena de observatorios subterráneos ubicados en cuevas y en el interior de edificios prehispánicos en Mesoamérica, nos han llevado a la pregunta acerca de si, las ideas que llevaron a Paollo del Pozzo Toscanelli, en el s...
Guardado en:
| Autor principal: | |
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| Formato: | Articulo |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
2024
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/172126 |
| Aporte de: |
| Sumario: | Nuestras investigaciones de campo, realizadas por más de tres décadas en una veintena de observatorios subterráneos ubicados en cuevas y en el interior de edificios prehispánicos en Mesoamérica, nos han llevado a la pregunta acerca de si, las ideas que llevaron a Paollo del Pozzo Toscanelli, en el siglo XV, y a Galileo Galilei a inicios del siglo XVII, a inventar modernos instrumentos para la investigación científica, pudieron surgir en Mesoamérica varios siglos antes. Los dos más antiguos observatorios subterráneos de Mesoamérica se encontraron entre 1980 y 1995 en Teotihuacán y han sido fechados para el siglo IV d.C., seguidos por el hallado al interior del Edificio P de Monte Albán, Oaxaca. No obstante haber sido construido años más tarde (siglos VII-VIII d.C.) el Observatorio de Xochicalco ha demostrado ser el más preciso y mejor preservado de cuantos hemos estudiado en estas tres décadas. En recientes estudios de campo y gabinete, hemos retomado tal investigación a la luz de nuevos descubrimientos arqueológicos de objetos de cerámica altamente significativos, a los cuales hemos llamado “discos astronómicos”. Ellos nos llevaron a tomar como referente, para este tipo de instrumentos tempranos de observación astronómica, al Observatorio de Xochicalco, en el entendido de que específicamente se usaba en relación con los movimientos aparentes del Sol al momento de su paso por el meridiano de un sitio. Este escrito propone que dos culturas separadas por el tiempo y el espacio, en América y Europa, llegaron de manera independiente al invento de un instrumento que daba soluciones similares a un problema de índole más científica que cotidiana. A pesar de la distinta forma en que se aplicaron e interpretaron los conocimientos en cada momento y lugar, los instrumentos creados tienen una enorme similitud, al grado que en Mesoamérica podemos proponer que, hacia el siglo VIII d.C., si no es que antes, se usó un complejo instrumento de observación solar que permitió registrar posiciones de este cuerpo celeste que tenían una precisión considerable. Las características de los observatorios subterráneos mesoamericanos, formuladas aquí con base en evidencias arqueológicas y empíricas, nos permiten proponer que fueron instrumentos de medición y experimentación científica, cuyas características nos llevan a compararlos con cámaras obscuras y telescopios solares inventados en otras latitudes siglos después. |
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