La diversidad potencia el aprendizaje

Me propongo reflexionar acerca de los sentidos de las prácticas educativas y sus actores, desde un análisis de algunos aspectos de nuestra estructura escolar y plantear una propuesta que aporte a la educación inclusiva. Nuestro sistema educativo está estructurado de forma graduada para los niveles...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Marcos, Myrian Elena de
Formato: Articulo
Lenguaje:Español
Publicado: 2020
Materias:
Acceso en línea:http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/124944
https://perio.unlp.edu.ar/ojs/index.php/actas/article/view/7105
Aporte de:SEDICI (UNLP) de Universidad Nacional de La Plata Ver origen
Descripción
Sumario:Me propongo reflexionar acerca de los sentidos de las prácticas educativas y sus actores, desde un análisis de algunos aspectos de nuestra estructura escolar y plantear una propuesta que aporte a la educación inclusiva. Nuestro sistema educativo está estructurado de forma graduada para los niveles obligatorios de escolaridad, asignando a su vez una edad cronológica de los estudiantes para cada sección con una duración de un ciclo lectivo. Esto conlleva una mirada homogeneizante de la propuesta pedagógica, de la que como consecuencia surgen categorías como sobreedad, permanencia, fracaso y deserción escolar, perdiendo en el camino el proceso de enseñanza aprendizaje. Los únicos reagrupamientos posibles son la permanencia y en algunos casos los que habilitan los programas de aceleración. Voy a tomar de la educación primaria de jóvenes y adultos el paradigma de la flexibilidad como sustento de la propuesta a reflexionar. En educación de adultos la diversidad atraviesa a los grupos de estudiantes desde todos las categorías posibles de análisis. A la diversidad de género, nacionalidad, nivel educativo alcanzado, cultura, lengua de origen, condición laboral y económica, entre otras, se suma la diversidad de edades, que oscila entre los 14 y los 80 años o más. A diferencia del resto del sistema educativo, no es graduada, sino ciclada. Esto implica que los estudiantes están agrupados en ciclos, que a su vez no tienen una duración pautada. El tiempo que a cada estudiante le lleve promover al siguiente ciclo depende exclusivamente de su propia trayectoria escolar, o sea, de sus posibilidades de asistencia a clases y de su ritmo de aprendizaje, a lo que yo agregaría, y de la oferta educativa. Por lo que dentro de cada ciclo encontramos variados niveles de aprendizaje, a veces tantos como estudiantes lo conformen. Esto requiere una secuencia didáctica lo suficientemente flexible como para permitir diversas propuestas de abordaje que puedan adecuarse a cada estudiante. Dado que la discontinuidad en las trayectorias es una característica que marca el recorrido de gran parte de esta matrícula, dicha flexibilidad permite que cuando retoman la escuela, continúan sus aprendizajes desde donde habían dejado y aunque el tema y contenido sea el mismo para todes, el abordaje es singular. La educación de adultos devenida de la educación popular tiene en sus bases la conciencia de la diversidad y de la responsabilidad de posibilitar el acceso a la educación a aquellos excluidos del sistema. En tiempos donde nos vemos exigidos por la realidad educativa y social, a dar respuestas, entiendo la necesidad de replantearnos las estrategias. Si seguimos repitiendo lo mismo, los resultados también serán los mismos. La pregunta didáctica que surge es cómo pensar la enseñanza y los agrupamientos de les estudiantes. Pensar en agrupamientos transitorios y flexibles, que producen una cierta homogeneidad del nivel de aprendizaje interno del grupo, así transitoriamente constituido, nos permite hacer lo que sabemos hacer: llevar a cabo la enseñanza simultánea. De este modo nuestra escuela podría superar los parámetros de edad, sección, ciclo escolar y demás categorías estigmatizantes y excluyentes antes citadas.