Olesti, Oriol; Jordi Vidal y Antela Borja (eds.) Animales y Guerra en el Mundo Antiguo, Libros Pórtico, Zaragoza; 2014

La presencia de los animales en la guerra antigua es insoslayable. Su carácter ubicuo en los paisajes militares del Mediterráneo antiguo, tanto en su carácter físico, como también en su dimensión simbólica, ha atraído la atención de los especialistas en los últimos años. En ese sentido, por ejemplo...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Moreno Leoni, Álvaro M.
Lenguaje:Español
Publicado: Escuela de Historia. Facultad de Humanidades y Artes. Universidad Nacional de Rosario 2018
Materias:
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/2133/11610
http://hdl.handle.net/2133/11610
Aporte de:Repositorio Hipermedial de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) de Universidad Nacional de Rosario Ver origen
Descripción
Sumario:La presencia de los animales en la guerra antigua es insoslayable. Su carácter ubicuo en los paisajes militares del Mediterráneo antiguo, tanto en su carácter físico, como también en su dimensión simbólica, ha atraído la atención de los especialistas en los últimos años. En ese sentido, por ejemplo y para el mundo helenístico, Paul Kosmin ha argumentado que “pensar seléucida es ver elefantes”, puesto que la imagen de estos enormes animales se había vuelto casi omnipresente en las imágenes y discursos vinculados a esta poderosa dinastía, cuyo fundador, Seleuco I Nicátor, era denominado por sus enemigos, en particular por Demetrio Poliorcetes, justamente “comandante de elefantes (ἐλεφαντάρχης)” (Plu., Demetr. 25.4-9). Muchos testimonios antiguos, tanto literarios, como numismáticos y arqueológicos, parecen apuntar en la dirección de una potente asociación simbólica entre la monarquía seléucida y dicho animal. Uno de los testimonios más notables al respecto debe ser, sin ninguna duda, la imagen de un elefante ubicada sobre la entrada a una de las torres de un fuerte emplazado sobre el monte Karasis, en Anatolia central, descubierto con helicóptero recién en 1994. El muro sobre el que se encuentra colocado data de fines del siglo III o, a lo sumo, de comienzos del II a.C. y refleja patentemente esta asociación.