Multiplicidad de mundos y unidad del lenguaje

Introducción: En la primera parte de Verdad y método, Gadamer recurre a la noción de juego con el fin de mostrar un ámbito originario en la esfera del arte que, en contraste con la conciencia estética de cuño kantiano, abre una dimensión de verdad que puede describirse como un incremento de ser. En...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Rabanaque, Luis Román
Formato: Artículo
Lenguaje:Español
Publicado: Universidad Nacional Autónoma de México 2019
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/9146
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Descripción
Sumario:Introducción: En la primera parte de Verdad y método, Gadamer recurre a la noción de juego con el fin de mostrar un ámbito originario en la esfera del arte que, en contraste con la conciencia estética de cuño kantiano, abre una dimensión de verdad que puede describirse como un incremento de ser. En la segunda parte muestra, frente a la metodología de las ciencias históricas o del espíritu, un ámbito originario referido al carácter esencialmente histórico de la comprensión, sometida a la eficacia de la historia en una relación circular de distanciamiento y apropiación de la tradición. En la tercera parte, finalmente, y esta vez en contraposición con la tesis que diferencia la experiencia y el lenguaje, afirma el carácter universalmente lingüístico de la experiencia hermenéutica, condensada en la afirmación según la cual “el ser que puede ser comprendido es lenguaje”. De este modo, el arte, la historia y el lenguaje remiten a una comprensión originaria que se juega con anterioridad a toda conciencia metodológica que pretenda adoptar el papel de sujeto del juego. Si la obra de arte se juega en su reproducción y no tiene un “ser en sí” independientemente de ella, si la comprensión histórica se juega en la tensión dinámica entre el distanciamiento en el tiempo y la apropiación, que tiene el carácter de una fusión de horizontes más bien que de una asimilación por parte del intérprete, o bien de un traslado a la situación del autor histórico, la lingüisticidad o idiomaticidad (Sprachlichkeit) es el espacio de juego que vincula todas estas instancias según la lógica de la pregunta y la respuesta. De ahí la afirmación según la cual el lenguaje está en el “medio” (Mitte) entre la comprensión de los hablantes y el acuerdo en torno a la cosa, y es el “medio” (Medium) de toda experiencia hermenéutica (GW I, 387).[1] La universalidad de esta lingüisticidad se advierte en el hecho de que no sólo es inherente a la comprensión en acto, sino igualmente a la comprensión en potencia, razón por la cual incluso las argumentaciones que pretendan esgrimirse en su contra poseen un carácter lingüístico y revelan, así, la excedencia propia del decir. De acuerdo con Gadamer, ello muestra la estrecha relación que guarda el lenguaje con la razón misma, puesto que se trata del lenguaje de la razón y ambos “marchan al mismo paso” (GW I, 405). Si, como asevera Platón, el pensamiento es el diálogo del alma consigo misma, la lingüisticidad es ya una nota esencial del pensamiento mismo...