Un fenómeno elusivo : el dormir y los sueños

Introducción: “Fenómeno” remite a lo que aparece, a lo que, con la bella expresión de Heidegger, entra en el claro de la luz, surge desde lo oculto y entra en el ámbito de lo visible. Pero todo fenómeno, todo lo que llega a la claridad, tiene sin embargo su lado oscuro, su lado in-aparente. Esto ya...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Rabanaque, Luis Román
Formato: Parte de libro
Lenguaje:Español
Publicado: Universidad de La Frontera 2019
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/8371
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Descripción
Sumario:Introducción: “Fenómeno” remite a lo que aparece, a lo que, con la bella expresión de Heidegger, entra en el claro de la luz, surge desde lo oculto y entra en el ámbito de lo visible. Pero todo fenómeno, todo lo que llega a la claridad, tiene sin embargo su lado oscuro, su lado in-aparente. Esto ya ocurre con el fenómeno que Husserl considera como el “modelo” de todo fenómeno: la percepción sensible. El percibir es el modo de intuir más poderoso, contiene empero lados invisibles, su patencia -por así llamarla- encierra latencias, como ocurre con el trasfondo y también con los horizontes internos y externos de lo percibido. Pero estos inaparentes, estas latencias, pueden volverse patentes, pueden ingresar en el claro de luz, elevarse a primer plano o volverse intuitivos. Esto no quiere decir que necesariamente lo hagan, sino solamente que pueden hacerlo. En términos de Husserl: es inherente a su esencia poder hacerse visibles, pasar de la contracara del fenómeno al fenómeno, de la neblina y la oscuridad, a la luz y la claridad. Hay otros fenómenos, en cambio, que sólo se fenomenalizan de una manera mediada y, rigurosamente hablando, impropia. Las investigaciones de los últimos años me han llevado a considerar, partiendo del yo personal activo, tres grandes ámbitos de fenómenos que eluden la presentación “en carne y hueso”: por una parte, el lado natural de mi cuerpo propio, su dimensión de “cosa” indisponible a mi intencionalidad. En segundo lugar, el otro, humano o animal, en el que reconozco gracias a la empatía una similitud conmigo pero que guarda un flanco opaco al que no puedo acceder originariamente. Y en tercero, y de esto quiero ocuparme en este trabajo, el lado opaco o indisponible de mi propia conciencia, de mi propio yo activo, que es su lado pasivo y, más propiamente, su lado no-consciente, es decir, in-consciente. Como veremos, el fenómeno de la afección representa el umbral o el límite que separa, y a la vez une, estos dos ámbitos: mi yo despierto con sus actos intencionales, y el fondo de inconciencia...