La actividad que da plenitud

Introducción: Si bien podemos encontrar en la Escritura una bella espiritualidad del momento presente (Eclo 14, 14; Ecle 2, 24; 11, 10; Mt. 6, 34; Stgo 4, 13-14; 1 Tim 6, 17), no hay que confundirla con el inmediatismo posmoderno, que no es realista ni humanizante: “El apego a lo exclusivamente grat...

Descripción completa

Guardado en:
Detalles Bibliográficos
Autor principal: Fernández, Víctor Manuel
Formato: Artículo
Lenguaje:Español
Publicado: Fundación Criterio 2019
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/7887
Aporte de:
Descripción
Sumario:Introducción: Si bien podemos encontrar en la Escritura una bella espiritualidad del momento presente (Eclo 14, 14; Ecle 2, 24; 11, 10; Mt. 6, 34; Stgo 4, 13-14; 1 Tim 6, 17), no hay que confundirla con el inmediatismo posmoderno, que no es realista ni humanizante: “El apego a lo exclusivamente gratificante del presente sentido como intemporal (que no debe transcurrir), el no tomar las experiencias y las cosas como transeúntes y caducas, es en el fondo un rasgo de inmadurez. Pero la mayoría de los humanos, inducidos por este residuo de narcisismo infantil autístico e intemporal, desean serlo todo sin dejar de ser nada ni prescindir de ninguna posibilidad perpetuamente abierta”. De hecho, el libro del Eclesiastés invitaba a gozar de los regalos de Dios desde una firme convicción de lo pasajero, lo caduco, lo contingente de los gozos terrenos. Se trata de gozarlos cuando llegan, pero sabiendo que se acaban y sin pretender aferrarlos. Deben ser gozados como “vanidad”, es decir, como algo bueno, pero que es vapor, humo que se esfuma rápidamente (Ecle 11, 10; cf. Stgo 4, 13-14). Por eso el gran riesgo está en el engaño de pretender vivir permanentemente como si esta vida pudiera llegar a ser en todo instante un momento agradable, como si pudiera conseguirse la felicidad y la plenitud logrando disponer libremente de todas las posibilidades sin renunciar a ninguna.