Desde Chimpay

El pasado domingo 11 de noviembre estuve en Chimpay, pequeño pueblo de la Patagonia al cual se llega después de recorrer muchos kilómetros de desierto, pasando sólo por algunos poblados insignificantes. Yo conozco la vida de esos pueblos. Me crié en uno de ellos (5000 habitantes), un poco más gra...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Fernández, Víctor Manuel
Formato: Artículo
Lenguaje:Español
Publicado: Fundación Criterio 2019
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/7870
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Descripción
Sumario:El pasado domingo 11 de noviembre estuve en Chimpay, pequeño pueblo de la Patagonia al cual se llega después de recorrer muchos kilómetros de desierto, pasando sólo por algunos poblados insignificantes. Yo conozco la vida de esos pueblos. Me crié en uno de ellos (5000 habitantes), un poco más grande que Chimpay. Si uno se coloca en una esquina alcanza a ver el campo por los cuatro costados. Además, hace varios años que los fines de semana atiendo Alpa Corral, un pueblito de Córdoba de 500 habitantes. Chimpay tiene 6000 si se suma la zona rural, pero en el mismo pueblo sólo habitan establemente unas 3000 personas. Pocas cuadras están asfaltadas y el viento levanta una constante polvareda.En un pueblito de esos, una celebración donde asisten 100.000 creyentes de todo el país, junto con el secretario de Estado de la Santa Sede, varios cardenales y obispos, es un hecho impresionante. Se convierte para los pobladores, y especialmente para los mapuches, en un signo luminoso del cariño y la cercanía de Dios. El cardenal Tarcisio Bertone señaló que era la primera vez que se realizaba en el mundo una beatificación de esas características, ya que normalmente estas celebraciones se realizan en Roma o en grandes ciudades. Se le agradeció al cardenal Jorge Bergoglio, quien nunca quiso aceptar que esta fiesta se celebrara en un lugar que no fuera la Patagonia. Así se lleva a la práctica aquella decisión de la Iglesialatinoamericana de dedicar tiempo a los pobres (Aparecida 397) y de convertirse en una madre que sale al encuentro (370). Sería maravilloso que esa fuera nuestra actitud constante. Ceferino despierta una ternura espontánea en la gente, especialmente en los que se le parecen por la pobreza, la sencillez, el dolor. En Chimpay pude ver muchos rostros curtidos y morenos, y me parecía percibir que Ceferino caminaba con ellos, de la mano. Pero también había muchos gringos y gringas, argentinos de corazón abierto y sencillo, que se acercaban a abrazar la imagen del mapuche.