Aelredo de Rievaulx y su mística de la amistad : algunas consideraciones sobre la importancia de la afectividad en el medioevo
Resumen: a partir del siglo XII se produce el gran auge de la mística gracias a la influencia positiva de la especulación. Fue principalmente San Bernardo de Clairvaux, después de algunos dignos predecesores, su verdadero fundador al desarrollar en sus obras las temáticas de las relaciones nupciales...
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| Autor principal: | |
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| Formato: | Artículo |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de estudios grecolatinos "Prof. F. Nóvoa"
2019
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| Acceso en línea: | https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/4085 |
| Aporte de: |
| Sumario: | Resumen: a partir del siglo XII se produce el gran auge de la mística gracias a la influencia positiva de la especulación. Fue principalmente San Bernardo de Clairvaux, después de algunos dignos predecesores, su verdadero fundador al desarrollar en sus obras las temáticas de las relaciones nupciales del alma con Cristo, el Amigo por excelencia. Esta misma línea de pensamiento en ámbito cisterciense, fomentada por el mismo Bernardo, fue transitada por Aelredo, Abad de Rievaulx. El Beato Aelredo la describe en su obra La amistad espiritual en la cual, mediante un diálogo que involucra ya sea su experiencia personal, ya las reflexiones ciceronianas del Laelius, propone a sus monjes y a los lectores en general, la amistad auténtica como escuela de santidad. En la misma, el autor desarrolla un verdadero itinerarium amoris en el que la perfección de la caridad se realiza, a modo de topos teofánico, en la amistad vivida concretamente. Aelredo utiliza, por consiguiente, expresiones sublimes como “el amigo es custodio del amor”, o bien, “guardián del alma” hasta elevarse paulatinamente la afirmación: “Dios es amistad” y, en definitiva, “quien permanece en la amistad, permanece en Dios y Dios en él”. De este modo, es en los amigos en quienes se fusionan los corazones por medio del “beso espiritual” hasta alcanzar la unión mística gracias al “osculum Christi”. El “beso” que permite la unión de lo humano con lo divino, el medio por el que podemos “reposarnos en el abrazo de Cristo”. |
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