Yves Floucat, Pour une métaphysique de l’être en son analogie. De Heidegger à Thomas d’Aquin, Artège Lethielleux, Paris-Perpignan, 2016, 228 pp.
Este meduloso libro de Yves Floucat se compone de varios trabajos previos que fueron completamente reelaborados y armonizados para la presente edición. El título de la obra, por lo demás, resulta muy sugestivo y sintetiza notablemente la intención del autor, quien, a partir de la controversial...
Guardado en:
| Autor principal: | |
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| Formato: | Artículo |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letras
2021
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/11746 |
| Aporte de: |
| Sumario: | Este meduloso libro de Yves Floucat se compone de
varios trabajos previos que fueron completamente
reelaborados y armonizados para la presente edición. El
título de la obra, por lo demás, resulta muy sugestivo y
sintetiza notablemente la intención del autor, quien, a partir
de la controversial crítica heideggeriana a la metafísica en su
conjunto, emprende con decisión, por razones que enunciará
debidamente, el retorno a la doctrina tomasiana. No obstante,
su vuelta a Tomás no será, como podría suponerse,
condescendiente con el tomismo de Escuela, cuya
reinterpretación del Doctor Angélico, pese a haberse vuelto
canónica, no convence a nuestro autor. Se trata, pues, de una
obra aguda y urticante que interpela tanto a la generalizada
crítica heideggeriana a la metafísica, como a la filosofía
moderna e, incluso, al tomismo de tinte cayetaniano.
Efectivamente, en la primera parte de este libro, Floucat
no rehuye la muy conocida acusación que Heidegger hace a
la metafísica en su conjunto, a la que califica como una ontoteo-
logía, es decir, una lógica del ente en general y de Dios
en particular. Para el pensador de Messkirch, ya
tempranamente, la metafísica equiparó el ser como tal con el
ente y, en consecuencia, identificó el primer principio con un
Ente Supremo, que, siendo causa sui, es, a su vez, la causa
productora de los demás entes. El ser como tal, vale decir, el
ser en su dimensión verbal cayó, por ende, en el olvido,
mientras que paulatinamente el ente, a fin de abarcar en sí
tanto el ente finito como el infinito, resultó interpretado
como concepto unívoco. Esto, sin duda, significó, en
principio, la prevalencia del esencialismo y, por último, la
inversión de la relación entre ser y pensar, de modo tal que el
pensar se impuso sobre el ser... |
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