El gobierno de los santos Historia: enemistad y poder en levellers y diggers

En su breve historia de la ética, Alasdair MacIntyre cuenta una historia, posiblemente apócrifa aunque bastante reveladora de todos modos, según la cual durante una cena, ya cansado de la locuacidad de Thomas Carlyle, un hombre de negocios le espetó: «¡Ideas, señor Carlyle, no son nada sino idea...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Miceli, Mario Leonardo
Formato: Libro
Lenguaje:Español
Publicado: Ediciones Imago Mundi 2021
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/11557
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Descripción
Sumario:En su breve historia de la ética, Alasdair MacIntyre cuenta una historia, posiblemente apócrifa aunque bastante reveladora de todos modos, según la cual durante una cena, ya cansado de la locuacidad de Thomas Carlyle, un hombre de negocios le espetó: «¡Ideas, señor Carlyle, no son nada sino ideas!», a lo cual Carlyle replicó: «Había una vez un hombre llamado Rousseau que escribió un libro que no contenía nada sino ideas. La segunda edición se encuadernó con la piel de los que se había reído de la primera» (MacIntyre 1966, pág. 183).[1] El libro que el lector tiene ahora en sus manos, cuenta la historia de los niveladores y los cavadores del siglo XVII, cuyas ideas y acciones no solo fueron obviamente revolucionarias, sino que además representan en gran medida los actos preparatorios de todas las revoluciones posteriores. Ciertamente, no se trata de un género precisamente inexplorado. Pero, como muy bien dice Mario Miceli, la opinión común sigue siendo básicamente la de asociar la Revolución Inglesa fundamentalmente con el desarrollo del liberalismo, la democracia, el republicanismo, el socialismo y el marxismo. Asimismo, se la suele asociar con el proceso moderno de secularización. Esta investigación, sin embargo, se concentra en dos aspectos de este proceso que suelen ser pasados por alto. En primer lugar, se trata de una revolución que en lugar de combatir al Estado, en realidad contribuyó intensamente a fortificarlo y a eliminar toda restricción a sus actos, lo cual tal vez no sea meramente un accidente o una contingencia histórica, sino el destino inexorable de toda revolución...