Tomás de Aquino, el intelecto agente y el acto de ser
Como es bien sabido, de entre los textos de Aristóteles, el capítulo quinto del libro tercero del De anima ha dado lugar a una infinidad de comentarios e interpretaciones. Se trata del capítulo en el que el Estagirita describe la famosa distinción de dos intelectos: el intelecto paciente –un inte...
Guardado en:
| Autor principal: | |
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| Formato: | Parte de libro |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letras
2025
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/20833 |
| Aporte de: |
| Sumario: | Como es bien sabido, de entre los textos de Aristóteles, el capítulo quinto
del libro tercero del De anima ha dado lugar a una infinidad de comentarios
e interpretaciones. Se trata del capítulo en el que el Estagirita describe la
famosa distinción de dos intelectos: el intelecto paciente –un intelecto que
es capaz de llegar a ser todas las cosas– y el intelecto agente –un intelecto que es capaz de hacer todas las cosas– El intelecto paciente es la capacidad que tenemos de conocer aquello
que va más allá de lo sensible, lo inteligible, lo que algo es. Ahora bien, ¿qué es el intelecto agente? Como su nombre lo indica, se trata de algo que obra. Aristóteles, en el texto mencionado del De anima, lo compara
con la luz, que hace que los colores, visibles en potencia, se vuelvan visibles en acto. A semejanza de la luz, el intelecto agente sería como una disposición habitual, un acto presente en el alma (no una potencia pasiva) que hace que todas las cosas se vuelvan al nivel propio de la inteligencia. |
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