¿Podemos esperar válidas innovaciones en el desarrollo democrático de Latinoamérica?
El 13 de septiembre del 2004, Germán J. Bidart Campos efectuaba plácidamente, en el decurso de su siesta vespertina, su paso a la eternidad. Mereció la “muerte de los buenos”. Con ello comenzamos a resignarnos a su desaparición física todos los que durante tantos años hemos tenido el placer de...
Guardado en:
| Autor principal: | |
|---|---|
| Formato: | Artículo |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
El Derecho
2024
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/18942 |
| Aporte de: |
| Sumario: | El 13 de septiembre del 2004, Germán J. Bidart Campos
efectuaba plácidamente, en el decurso de su siesta
vespertina, su paso a la eternidad. Mereció la “muerte
de los buenos”. Con ello comenzamos a resignarnos a su
desaparición física todos los que durante tantos años hemos
tenido el placer de frecuentar su obra escrita, pero,
además, deleitarnos con un discurso humanista, que exudaba
en él, su inmensa bonhomía.
Hoy, a veinte años de su desaparición física, sus discípulos
–entre los que definitivamente me cuento– podemos
enfatizar sin temor a error que su muerte nos ha privado
de la presencia del más grande constitucionalista que la
República Argentina ofreció a la consideración de la comunidad
jurídica iberoamericana. Pero, además, con su
muerte, quienes integrábamos su selecto grupo de amigos,
nos hemos visto privados de la excelencia de su magisterio
y el disfrute de sus impares calidades humanas.
Un ser humano único e irrepetible que nos dejó el legado
de esparcir y consolidar sus enseñanzas acerca de las
ventajas de vivir una democracia participativa, en la que
gocemos de los beneficios de la libertad, nutrida por los
equilibrios que –de uso– provee la igualdad; en lo posible,
integrada por ciudadanos buenos y nobles, como él lo fue.
El presente estudio intenta ofrecer una pincelada de
sus ideas acerca del derecho de la Constitución y su fuerza
normativa, y confrontarlas o complementarlas con
otras, también expuestas en forma elocuente por dos juristas
que considero impares: Carlos S. Nino y Gustavo
Zagrebelsky... |
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