Junto a la Madre Dolorosa
Los dos versículos del Evangelio de Juan (19, 25-27), propios de esta liturgia en honor de la Mater Dolorosa, han sido objeto de contemplación por los cristianos de todos los tiempos, y de estudio cuidadoso por los Padres de la Iglesia, los teólogos medievales, los modernos y los exégetas, tanto...
Guardado en:
| Autor principal: | |
|---|---|
| Otros Autores: | |
| Formato: | Documento de conferencia |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
2024
|
| Materias: | |
| Acceso en línea: | https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/18569 |
| Aporte de: |
| Sumario: | Los dos versículos del Evangelio de Juan (19, 25-27),
propios de esta liturgia en honor de la Mater Dolorosa, han
sido objeto de contemplación por los cristianos de todos los
tiempos, y de estudio cuidadoso por los Padres de la Iglesia,
los teólogos medievales, los modernos y los exégetas, tanto
católicos cuanto protestantes. Conviene que nos detengamos
un momento en ellos, ahora que, vueltos hacia el Señor,
vamos a ofrecer el sacrificio eucarístico. Las interpretaciones
fueron y son de lo más variadas, sin embargo, hay una
sustancia en aquellas pocas líneas evangélicas accesible al
sano sentido de la fe de los creyentes aun más sencillos. Me
detengo sólo en algunos aspectos de un texto insondable,
perteneciente -más allá de todas las agudezas hermenéuticas,
a la revelación divina.
Estaban allí, junto a la cruz de Jesús, eistēkeisan, así se lee
en el original griego, su Madre y el discípulo que él distinguía
con amor especial; estaban firmes, plantados en el lugar y el
momento centrales de la historia de la salvación. Estaban
firmemente establecidos en el sitio -parestōta, apelo otra vez
al texto griego; el verbo empleado es parístēmi: según su valor
clásico, “puestos a disposición”, “entregados”, bien cerca, en
una postura física y espiritual, firmes y preparados para
ayudar. Stabant, stantem, unifica la versión latina las dos
expresiones al vertirlas con el mismo verbo. Jesús los ve, apunta el Evangelista. |
|---|