Epistemología jurídica: el papel fundamental de la interdisciplinariedad
Señor Presidente de la Academia del Plata, Señores académicos de esta antigua y prestigiosa institución a quienes debo la distinción de haber sido invitado a incorporarme como miembro de número. Estimado auditorio y queridos amigos. Esta incorporación constituye para mí un honor que aún hoy estoy...
Guardado en:
| Autor principal: | |
|---|---|
| Formato: | Artículo |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Derecho
2023
|
| Materias: | |
| Acceso en línea: | https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/17586 |
| Aporte de: |
| Sumario: | Señor Presidente de la Academia del Plata, Señores académicos de esta antigua
y prestigiosa institución a quienes debo la distinción de haber sido invitado a
incorporarme como miembro de número. Estimado auditorio y queridos amigos.
Esta incorporación constituye para mí un honor que aún hoy estoy tratando de
explicarme. La agradezco vivamente, a todos los académicos, y al mismo tiempo
me pregunto cómo puedo estar a la altura de José Manuel Estrada o Pedro
Goyena, por nombrar a los más admirados por mí de los tantos miembros que ha
tenido en sus 144 años.
Tomo esta incorporación principalmente como un llamado a las armas, a
un redoblar esfuerzos para alcanzar el fin fundacional de dar testimonio del
pensamiento católico en la vida cultural argentina.
Con la venia de todos los presentes, quisiera dedicar un instante a los
agradecimientos, más allá del ya formulado a los miembros de la Academia. Esto
podría llevar demasiado tiempo, por lo tanto, le daré un orden ontológico que me
evite ser ingrato, algo que siempre he tratado de evitar en mi vida.
En primer lugar, entonces agradezco a Dios Nuestro Señor, que me ha
bendecido de múltiples formas, y en quien pongo toda mi confianza, para
desandar lo que me quede de esta vida, sea mucha o poca, con la alegría, la
valentía y la libertad de los hijos de Dios; y me permita alcanzar algún día la
bienaventuranza, no por mis méritos sino por su misericordia.
En segundo lugar, a la Patria, humillada y disgregada, empobrecida
económicamente porque primero fue desarticulada moralmente. Como el
salmista, podemos decir, “¿Uusquequo Domine?”, “¿Hasta cuándo, Señor?”[1].
Pero el Salmo siguiente nos da la respuesta:
El insensato dice en su corazón: “No hay Dios”. Se han pervertido; su conducta es
abominable, ni uno solo obra bien.
Yahvé mira desde el cielo a los hijos de los hombres, para ver si hay quien sea
inteligente y busque a Dios.
Pero se han extraviado todos juntos y se han depravado. No hay uno que obre el
bien, ni uno siquiera.
¡Nunca entenderán, todos esos malhechores, que devoran a mi pueblo como quien
come pan, sin acordarse de Dios para nada!
Más algún día temblarán de espanto, porque Dios está con la generación de los
justos... |
|---|