Una meditación fenomenológica sobre la angustia
Resumen: ¿Qué es la angustia? Usualmente nos referimos con esta palabra a un cierto estado de nuestro espíritu, al que asociamos, a su vez, con otras palabras como “miedo” o “fobia”, y vagamente con la ciencia de la psicología. La angustia es, así, un estado o una manifestación mental del ser hu...
Guardado en:
| Autor principal: | |
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| Formato: | Artículo |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letras. Centro de Estudiantes de Filosofía
2023
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/17303 |
| Aporte de: |
| Sumario: | Resumen: ¿Qué es la angustia? Usualmente nos referimos con esta palabra a
un cierto estado de nuestro espíritu, al que asociamos, a su vez, con otras
palabras como “miedo” o “fobia”, y vagamente con la ciencia de la
psicología. La angustia es, así, un estado o una manifestación mental del
ser humano que la psicología estudia junto con otras manifestaciones como
el miedo. Como se recordará, la palabra latina angustia alude a un
“estrechamiento”, tanto en el sentido espacial (cf. “angostamiento”) como
en el de opresión en la garganta (i.e. asfixia, estrangulamiento), de donde la
idea de “ansiedad”, “angustia”. Sin embargo, una meditación filosófica
puede mostrar que hay una dimensión de la angustia que sobrepasa el
hecho psicológico, es decir, hay una noción filosófica de angustia, que al
mismo tiempo fundamenta al concepto científico. Para ello hay que
retroceder hasta el fenómeno que se encuentra en el origen y que es por así
decirlo la condición de posibilidad de la angustia en sentido psicológico. Se
puede anticipar la tesis de este trabajo: la angustia representa una manera
particular de nuestro “encontrarnos” en el mundo, una manera cuyo efecto
característico es situarnos en presencia del mundo en su totalidad, en
presencia del ser del mundo en oscurecimiento de los entes, de las cosas
que lo pueblan. Esta experiencia radical de la angustia nos hace patente la
nada –la nada de ente, de cosa—, y esta nada nos permite vislumbrar el ser
en su totalidad y nos posibilita interrogarnos por ese ser y por este ser que
somos nosotros y que somos capaces de interrogar. |
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