¡Migremos! emociones y migraciones en un mundo imago-céntrico : un estado del arte

En las últimas dos décadas, las emociones se han convertido en un objeto de análisis marcadamente interdisciplinario, resultado del diálogo entre la historia y la sociología, los estudios culturales (en particular desde la perspectiva del poscolonialismo y la crítica literaria), la geografía huma...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Gherlone, Laura
Formato: Parte de libro
Lenguaje:Español
Publicado: CLACSO 2022
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/13880
Aporte de:
Descripción
Sumario:En las últimas dos décadas, las emociones se han convertido en un objeto de análisis marcadamente interdisciplinario, resultado del diálogo entre la historia y la sociología, los estudios culturales (en particular desde la perspectiva del poscolonialismo y la crítica literaria), la geografía humana y la antropología, los estudios de medios y la comunicación, la psicología social y la neurociencia.2 El creciente interés hacia este campo de reflexión, según una visión abarcadora, reside no sólo en una atención sin precedentes prestada al cuerpo y a la sensibilidad (a la luz del problemático dualismo mente-cuerpo, donde el segundo término ha permanecido durante mucho tiempo inexplorado e infravalorado), sino también en un fenómeno emergente: es decir, el hecho de que los discursos que vehicula la cultura contemporánea recurren extensamente a los estados afectivos para ser creíbles, persuasivos y eficaces. En la actualidad esto ocurre de manera aún más marcada a través del ciberespacio generado por los medios de comunicación social: un lugar real-inmaterial de interacción que fomenta “sentimientos de pertenencia y solidaridad, por muy efímeros o permanentes que sean esos sentimientos” (Papacharissi, 2015, p. 9), así generando micro y macro públicos de carácter principalmente emocional –basta pensar en el fenómeno de la “afectivización” de las comunidades en línea (véase, en particular, Papacharissi, 2016; Döveling, Harju y Sommer, 2018), que puede incluso llegar a “cortocircuitos” como el trolling (Leone, 2019). Si, por un lado, esto facilita nuevas formas de participación comunitaria y expresión colectiva (piénsense en las protestas sociales en línea), por otro lado, fomenta emociones como el miedo, el odio o el sarcasmo, es decir, la base afectiva de los discursos orientados a disminuir el compromiso cívico, la inclusividad social y la empatía hacia el otro (Wagner, Marusek y Yu, 2020; Wahl-Jorgensen y Pantti, 2021...