El lugar de los padres en la violencia del niño

Trabajar con los padres de un niño o sin ellos suele ser un debate que frecuentemente queda en el orden de una estéril discusión si no se apunta a conceptualizar la eficacia de una práctica. Un retorno a los clásicos permite valorar aportes pero, por sobre todo, servirnos de ellos para poder ir más...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Frizzera, Osvaldo T.
Formato: Artículo
Lenguaje:Español
Publicado: Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) 2010
Materias:
Acceso en línea:http://dspace.uces.edu.ar:8180/xmlui/handle/123456789/806
Aporte de:
Descripción
Sumario:Trabajar con los padres de un niño o sin ellos suele ser un debate que frecuentemente queda en el orden de una estéril discusión si no se apunta a conceptualizar la eficacia de una práctica. Un retorno a los clásicos permite valorar aportes pero, por sobre todo, servirnos de ellos para poder ir más allá. Es en esta línea que para hablar de la violencia propongo considerar el caso del niño homicida, escrito hace 50 años por esa gran analista que fue Arminda Aberastury. El propósito es, por una parte, resaltar la lectura que hizo de un hecho terrible, acerca de una tragedia infantil y de qué manera intervino. Por otra, rescatar la vigencia de ese trabajo, aportando la articulación con algunas enseñanzas de Lacan, que de esta forma lo renuevan y de alguna manera permiten reescribirlo. Las ideas acerca de que el sujeto se constituye en el campo del lenguaje y la consideración del fantasma como un guión que antecede la llegada de un hijo son ejes que posibilitan organizar o reorganizar la operatoria de un analista, tanto a nivel conceptual como en lo referido a la dirección de la cura, en nuestro caso la cura de un niño.