Rafael Barret, una incómoda anomalía para <i>La ciudad letrada</i>
En los tramos finales de La ciudad letrada, Rama polemiza con la visión del modernismo latinoamericano defendida por Henríquez Ureña. Lejos de concebirlos como literatos puros, como hombres de letras desvinculados de la política, el crítico uruguayo sostiene que los escritores de la época no dudaron...
Guardado en:
| Autor principal: | |
|---|---|
| Formato: | Objeto de conferencia |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
2008
|
| Materias: | |
| Acceso en línea: | http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/98648 |
| Aporte de: |
| Sumario: | En los tramos finales de La ciudad letrada, Rama polemiza con la visión del modernismo latinoamericano defendida por Henríquez Ureña. Lejos de concebirlos como literatos puros, como hombres de letras desvinculados de la política, el crítico uruguayo sostiene que los escritores de la época no dudaron en ejercer el monopolio de los servicios culturales en favor de los sectores dominantes. En el curso de su argumentación, Rama se refiere a un grupo selecto de ensayistas con el propósito de ilustrar su tesis del intelectual latinoamericano en tanto ideólogo del poder hegemónico. Incluye, entre ellos, a una de las figuras más emblemáticas y olvidadas de la escena cultural rioplatense del novecientos: Rafael Barret. El seguimiento de la heterodoxa trayectoria barretiana deja pues al descubierto uno de los problemas fundamentales del enfoque de Rama: su incapacidad a la hora de reconocer la existencia de prácticas discursivas contestatarias e indóciles respecto del poder. De ese modo, retornar a Barret, revisitar su intensa y anómala praxis político-literaria, es también mostrar las fisuras de La ciudad letrada. |
|---|