Hoja en blanco
Cuando uno redacta despliega todo su encanto, o pretende desplegarlo, a través de las palabras, las frases, los giros elegidos para comunicar. Uno escribe y quiere que su texto sea único, como la rosa de <i>El principito</i>, de Antoine de Saint-Exupéry. Pero en el mercado de las publica...
Guardado en:
| Autor principal: | |
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| Formato: | Articulo |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
2015
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/46579 http://perio.unlp.edu.ar/letras/arts/art3/ |
| Aporte de: |
| Sumario: | Cuando uno redacta despliega todo su encanto, o pretende desplegarlo, a través de las palabras, las frases, los giros elegidos para comunicar. Uno escribe y quiere que su texto sea único, como la rosa de <i>El principito</i>, de Antoine de Saint-Exupéry. Pero en el mercado de las publicaciones nuestro escrito parece volverse una copia, de la copia, de la copia. Las ideas volcadas en él parecen repeticiones, al derecho y al revés, pero nada nuevo. Entonces: ¿cómo hacemos para que sea único? Pero hay algo que podemos hacer sin que sea una receta mágica: planificar la forma y el contenido del texto. Así, podremos tener la certeza de que es nuestro texto, nuestra rosa, nuestro estilo, plasmado en frases y párrafos. |
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