Las buenas enseñanzas en las aulas universitarias

Según expresa Fenstermacher (1989): “… el uso del adjetivo Buena enseñanza no es simplemente un sinónimo de éxito, preguntar qué es una buena enseñanza en el sentido epistemológico es preguntar si lo que se enseña es racionalmente justificable y en última instancia, digno de que el estudiante lo con...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Merino, Graciela Mónica
Formato: Objeto de conferencia Resumen
Lenguaje:Español
Publicado: 2016
Materias:
Acceso en línea:http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/176803
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Descripción
Sumario:Según expresa Fenstermacher (1989): “… el uso del adjetivo Buena enseñanza no es simplemente un sinónimo de éxito, preguntar qué es una buena enseñanza en el sentido epistemológico es preguntar si lo que se enseña es racionalmente justificable y en última instancia, digno de que el estudiante lo conozca, lo cree y lo comprenda…” Profundizar en esta nueva perspectiva supone que los docentes universitarios nos relacionemos con el conocimiento científico, para ENSEÑARLO y como tal lo reconvirtamos en público y con posibilidad de apropiación en el tema. Esta es una relación de empatía e incluye los rasgos de: Significatividad; Crítica e intencional; Disciplinar, interdisciplinar y transversal; Comunicacional y argumentativo; Perspectivas socio-culturales, políticas e históricas; Noción de contexto; Y supuestos axiológicos. Implica contemplar algunos criterios vinculados al conocimiento didáctico del continuado a ser enseñado. Desde este modelo, al decir de Cullen (2005): “La profesionalidad de la docencia implica enseñar para que los otros aprendan lo que (sin esa enseñanza) no podrían aprender…” Así las relaciones entre el conocimiento y su enseñanza configuran un auténtico campo teórico y de praxis de carácter problemático y complejo. Así mismo requiere de un aprendizaje como acto deológico, que implica una interacción dialéctica transformadora; incluye explicaciones y relatos; las primeras ayudan a racionalizar y debatir las ideas que las configuran y sustentan y las segundas permiten darles Vida en situaciones cotidianas. Según Porta (2005) los docentes inscriptos en las “buenas prácticas” poseen inteligencia cultural y modelos de conceptualización y aprendizaje. Estas nuevas formas de participar en las aulas universitarias, también implican una nueva forma de ver la ciencia que enseñamos, expresa Morín (2001): “No puede haber ciencia sin conciencia, la reflexividad, es decir volver sobre nuestro propio conocimiento constituye una exigencia de los docentes hoy…”