Infancias, pantallas y educación: discusiones actuales: parte 1
En esta serie de publicaciones abordaremos un tema vigente en los debates de educadores, familiares y especialistas de diferentes ramas del saber, difundidos en redes sociales y en los medios de comunicación. Una simplificación banal del debate se centra en la cuestión de si se debe permitir (o no...
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| Autor principal: | |
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| Formato: | Articulo |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
2024
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/170460 |
| Aporte de: |
| Sumario: | En esta serie de publicaciones abordaremos un tema vigente en los debates de educadores, familiares y especialistas de diferentes ramas del saber, difundidos en redes sociales y en los medios de comunicación.
Una simplificación banal del debate se centra en la cuestión de si se debe permitir (o no) el uso de la tecnología en niñas y niños. Esta pregunta es trivial porque desde el empirismo cotidiano se naturalizan algunos supuestos cuestionados desde la sociología de la ciencia y la tecnología, las corrientes del Estructuralismo en diferentes disciplinas y de la psicología sociocultural.
En los diálogos diarios, la palabra tecnología se limita a nominar algún dispositivo tecnológico que está de moda en cierto momento histórico, como hoy lo serían los dispositivos móviles que utilizan niñas, niños y adolescentes (tabletas y teléfonos), pero también debemos contar con los dispositivos de juegos y todos los que hoy están conectados a la red. Desde 1960, con la masificación de la televisión en los hogares, también se enunciaron muchas de las preguntas sobre la bondad o los peligros de dicha innovación tecnológica y los cambios que produce en las prácticas de enseñanza y en los procesos de aprendizaje, que hoy volvemos a encontrar en noticias y publicaciones dirigidas a estos otros aparatos.
Según Thomas y Buch (2008), esta visión cotidiana de la tecnología, que reduce los artefactos y objetos digitales a cosas manipulables, aparece desarticulada de la experiencia humana, es decir, como algo que se impone o impacta en la misma con un cierto determinismo lineal y neutral, y que produce efectos positivos o negativos para el desarrollo psicosocial e histórico. Sin embargo, los saberes de la ciencia y los productos tecnológicos–entre ellos los artefactos–son producidos por científicos y profesionales de diferentes disciplinas, como sujetos cognoscentes y sociales, éticamente responsables de los efectos de sus investigaciones e inventos.
Al restringir el análisis de la tecnología a los aparatos-cosas, se invisibiliza que las sociedades están tecnológicamente configuradas con un complejo entramado de formas de organización, artefactos, redes de vínculos y comunicaciones. Además, saberes y una experticia para poder vivir en esta sociedad. Por esto, somos seres tecnológicos y tenemos experiencias cotidianas con dispositivos, como el dispositivo escolar, y artefactos, tal como el libro de texto escolar ilustrado (ambos inventos atribuidos a Juan Amos Comenio en el 1600), pero de los que no reconocemos que son productos sociales e históricos que han configurado diferentes sociedades antes y después de su aparición. Incluso, no son las mismas habilidades y estrategias cognitivas las que permiten buscar información y leer en un libro impreso que en uno digital, además de otros componentes afectivos, sociales y actitudinales que no pueden olvidarse al evaluar experiencias de aprendizaje situadas (Márquez Hermosillo & Valenzuela González, 2018). |
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