Reliquiae mycologicae tropicae et fungi costaricenses nonnulli
Después de la publicación de los Fungi Puiggariani, el doctor J. Puiggari, en los años desde 1889 hasta 1901, antes de fallecer, me envió otros diez paquetes de hongos, coleccionados por él en Apiahy y sus alrededores, acompañándolos en parte de valiosas notas tomadas en vivo, como le había pedido a...
Guardado en:
| Autor principal: | |
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| Formato: | Articulo |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
1919
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/163091 |
| Aporte de: |
| Sumario: | Después de la publicación de los Fungi Puiggariani, el doctor J. Puiggari, en los años desde 1889 hasta 1901, antes de fallecer, me envió otros diez paquetes de hongos, coleccionados por él en Apiahy y sus alrededores, acompañándolos en parte de valiosas notas tomadas en vivo, como le había pedido anteriormente. Efectué, pues, el estudio de esos materiales nuevos paulatinamente que los fui recibiendo, pero poco después por la muerte del infatigable naturalista y más especialmente por haberse vuelto menos favorable al cultivo de las ciencias puras el ambiente en que actuaba y más ruda e intensa la lucha por la vida, me vi obligado a orientarme hacia objetivos más positivos y prácticos, por lo cual tuve que interrumpir el estudio de esos materiales, los que guardé cuidadosamente en mis archivos, donde permanecieron olvidados. En los años desde 1888 hasta 1903 el doctor J. D. Anisitz, entonces profesor en la Asunción del Paraguay, habiendo tenido conocimiento de mis varios opúsculos titulados Fungi guaranitici, me obsequió con una notable serie de interesantes hongos paraguayos para que se los determinara, lo que no me fué entonces posible llevar a cabo, pues otras tareas me absorbían por completo y me vi, con mucho pesar mío, obligado también en este caso de guardar tan importantes remesas, permaneciendo inéditas. Pasaron los años, y yo casi había olvidado las obligaciones contraídas con mis buenos amigos, los doctores Puiggari y Anisitz, cuando en 1914, por el estallido de la guerra mundial, me quedaron prohibidos los descansos anuales en mi patria y pensé entonces de ordenar algo mis archivos botánicos, reapareciendo así ante mis ojos los materiales olvidados y la obligación que tenía de no dejar perder el fruto de la meritoria labor de tan entusiastas cultores de las ciencias naturales. |
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