La enseñanza de la filosofía como práctica de indagación filosófica

Como bien nos hizo notar Rancière al traer a nuestro escenario de discusión la experiencia del Maestro Ignorante, el postulado más elemental de todo acto educativo es, indudablemente, el asumir que enseñar tiene que ver con la transmisión de un saber. Por eso son necesarios los maestros quienes, en...

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Detalles Bibliográficos
Autores principales: Bethencourt, Verónica, Agratti, Laura Viviana
Formato: Articulo
Lenguaje:Español
Publicado: 2009
Materias:
Acceso en línea:http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/135342
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Descripción
Sumario:Como bien nos hizo notar Rancière al traer a nuestro escenario de discusión la experiencia del Maestro Ignorante, el postulado más elemental de todo acto educativo es, indudablemente, el asumir que enseñar tiene que ver con la transmisión de un saber. Por eso son necesarios los maestros quienes, en tanto poseedores de ese saber, hacen las veces de engranaje infaltable para que esa transmisión sea posible. Podemos ver que a partir de esta misma afirmación aparecen otras determinaciones del enseñar. Efectivamente, enseñar diseña y supone una concepción de ese saber y una relación entre ese saber, quien lo enseña y quien lo aprende. En tanto profesores podemos, seguramente, tener ideas distintas sobre qué enseñar o sobre los modos en que esto sea posible, sin embargo, cada uno de nosotros coincidiría en admitir que algo del orden de lo verdadero subyace y sostiene la transmisión de nuestro saber; reconocemos allí la existencia de un sentido único o literal a ser transmitido que entendemos valioso y que debemos poner a disposición de otros para que sea comprendido. Que este supuesto haya atravesado sin mayores discusiones la historia de la educación, deviene del hecho de haber sido formados, todos nosotros, en esa misma lógica explicadora –diríamos retomando las categorías de Rancière– que asume sin más al saber como algo acabado, con un único sentido, constituido por determinadas reglas y con relaciones preestablecidas entre un conjunto más o menos vasto de conceptos. Sin embargo, como decíamos anteriormente, este no es el único supuesto de la lógica explicadora. Hay en ella implícita una determinada y precisa relación entre ese saber, quien lo enseña y quien lo aprende.