Las repercusiones de la "Masacre de Trelew" en Bahía Blanca y Punta Alta

El 22 de agosto de 1972 en la Base Aeronaval “Almirante Zar” de Trelew, fueron asesinados 16 presos políticos y militantes de Montoneros, Fuerzas Armadas Revolucionarias y Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo que siete días antes habían protagonizado el inten...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Dominella, Virginia Lorena
Formato: Objeto de conferencia
Lenguaje:Español
Publicado: 2014
Materias:
Acceso en línea:http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/113969
http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.4155/ev.4155.pdf
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Descripción
Sumario:El 22 de agosto de 1972 en la Base Aeronaval “Almirante Zar” de Trelew, fueron asesinados 16 presos políticos y militantes de Montoneros, Fuerzas Armadas Revolucionarias y Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo que siete días antes habían protagonizado el intento de fuga del penal de Rawson. Al mismo tiempo, fueron heridos de gravedad Alberto Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar, quienes fueron trasladados horas después al hospital de la Base Naval de Puerto Belgrano. Siguiendo a Pittaluga (2006), si bien no era la primera vez que las fuerzas armadas o policiales de nuestro país procedían al fusilamiento masivo de detenidos políticos, por lo que la masacre de Trelew puede ser legítimamente leída a partir de los crímenes que la preceden, también es cierto que tuvo un conjunto peculiar de atributos que la vinculan con las formas de represión de la disidencia política y de disciplinamiento social que se instalaron en los años siguientes. Si otras masacres permanecieron ocultas durante largos años y sus perpetradores las quisieron absolutamente invisibles, la de 1972 tuvo un carácter público e inocultable: el escenario del crimen era una instalación del Estado, donde era de público conocimiento que estaban alojados los 19 militantes. Además, el gobierno militar no negó su existencia, aunque no habló claramente. Así, se trataba de instalar la masacre en una región a medias visible e invisible, dejando que lo no dicho actuara a su manera. Lo que se de-cía oficialmente mostraba el ocultamiento, para señalar que ese crimen estaba situado más allá de lo que podía decirse. Se buscaba exponer ante la sociedad ese sitio y ese poder más allá de la ley.