La policía y la nada

Los jóvenes saben que una de las prácticas con las que se miden habitualmente, sobre todo cuando visten ropa deportiva y andan con gorrita, se mueven en grupo por determinados lugares no aptos a su presencia (el centro de la ciudad o barrios residenciales) o no recomendables para hacerlo algunos día...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Rodríguez Alzueta, Esteban
Formato: Objeto de conferencia
Lenguaje:Español
Publicado: 2017
Materias:
Acceso en línea:http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/113584
http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.10385/ev.10385.pdf
http://delitoviolenciaypolicia.fahce.unlp.edu.ar/i-jornadas-2017/actas/RodriguezAlzueta.pdf
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Descripción
Sumario:Los jóvenes saben que una de las prácticas con las que se miden habitualmente, sobre todo cuando visten ropa deportiva y andan con gorrita, se mueven en grupo por determinados lugares no aptos a su presencia (el centro de la ciudad o barrios residenciales) o no recomendables para hacerlo algunos días o a determinadas horas del día, es la “parada policial”. Los jóvenes saben de memoria que están expuestos a los periódicos controles de identidad poblacional. Controles, a su vez, que se apoyan en la cultura de la delación vecinal, en el “olfato social” (Rodríguez Alzueta, 2016). Lo saben por experiencia propia y ajena. Experiencias que se trasmiten de una cohorte a la otra a través de distintas anécdotas que se cuentan entre sí, a veces para demostrar las destrezas desarrolladas en su relación con la policía, otras veces para “despertar a los giles” y no “regalarse”. Habilidades que, dicho sea de paso, le servirán para ganar reputación frente a sus pares e ir acumulando el prestigio necesario que les posibilite ir ganando posiciones en los grupos que integra pero también para ir modelando una cultura de la dureza que le permita hacer frente a aquellas prácticas policiales y vecinales que experimentan con humillación, a veces con vergüenza y otras veces con bronca. En esta ponencia nos proponemos explorar y abordar el primer umbral de esa relación violenta que se inaugura con la interpelación y se va tensando en un juego alternado y contradictorio, que tiene al lenguaje como escenario de una disputa donde lo que está en juego es el prestigio de ambos, del policía y el joven.