La formación ciudadana en los jóvenes del Nivel Medio Superior: el caso de Colegio de Bachilleres (Plantel 8)

Hoy no estamos pasando de la modernidad a la posmodernidad, así como no volvemos a los grandes equilibrios trastornados por las ideas del progreso y de desarrollo. Cuando procuramos caracterizar la transición del siglo XX al XXI debemos hacer referencia a ella como un período de modernidad limitada....

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Molina Madrid, María Antonieta Angeles
Formato: Objeto de conferencia
Lenguaje:Español
Publicado: 2016
Materias:
Acceso en línea:http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/108878
http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.8512/ev.8512.pdf
http://elmecs.fahce.unlp.edu.ar/v-elmecs/actas-2016/MolinaMadrid.pdf
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Sumario:Hoy no estamos pasando de la modernidad a la posmodernidad, así como no volvemos a los grandes equilibrios trastornados por las ideas del progreso y de desarrollo. Cuando procuramos caracterizar la transición del siglo XX al XXI debemos hacer referencia a ella como un período de modernidad limitada. Si la modernidad es la representación de la sociedad como producto de su propia actividad, el período que se ha designado a sí mismo como “moderno” en efecto, sólo lo fue en parte; pues América Latina no puede tener una verdadera modernidad (o sea modernidad central), porque le faltan los antecedentes intelectuales y las instituciones que le dieron origen a Europa (Bauman, 2010). Paralelamente, la modernidad buscó el fundamento del bien y del mal en la utilidad o en la nocividad de una conducta para la sociedad. De esta manera, la humanidad, liberada del sometimiento a la ley del universo o a la ley de Dios, quedó sometida a la ley de la historia, de la razón o de la sociedad. La urdimbre de las correspondencias entre el hombre y el universo no se rompió; esa semimodernidad soñó todavía con construir un mundo natural por el hecho de ser racional. La idea de modernidad desplaza del centro de la sociedad, reemplaza a Dios por la ciencia y, en el mejor de los casos, deja las creencias religiosas para el seno de la vida privada, y así preservar su poder, por eso la modernidad implica la creciente diferenciación de los diversos sectores de la vida social: política, económica, familiar (Touraine, 2000).