Segregación y discriminación: el nacimiento de Jim Crow en el sur de los Estados Unidos

Posiblemente resulta fácil decir “Espera” para quienes nunca sintieron en carne propia los acerados dardos de la segregación. Pero cuando se ha visto cómo muchedumbres enfurecidas linchaban a su antojo a madres y padres, y ahogaban a hermanas y hermanos por puro capricho; cuando se ha visto cómo pol...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Arturo Grunstein Dickter
Formato: Artículo científico
Publicado: Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco 2005
Materias:
Acceso en línea:http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=32513413
http://biblioteca.clacso.edu.ar/gsdl/cgi-bin/library.cgi?a=d&c=mx/mx-022&d=32513413oai
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Descripción
Sumario:Posiblemente resulta fácil decir “Espera” para quienes nunca sintieron en carne propia los acerados dardos de la segregación. Pero cuando se ha visto cómo muchedumbres enfurecidas linchaban a su antojo a madres y padres, y ahogaban a hermanas y hermanos por puro capricho; cuando se ha visto cómo policías rebosantes de odio insultaban a los nuestros, cómo maltrataban e incluso mataban a nuestros hermanos y hermanas negros; cuando se ve a la mayoría de nuestros veinte millones de hermanos negros asfixiarse en la mazmorra de la pobreza sin aire, en medio de una sociedad opulenta; cuando, de pronto, se queda uno con la lengua torcida, cuando balbucea al tratar de explicar a su hija de seis años por qué no puede ir al parque de diversiones recién anunciado en la televisión y ve cómo se le saltan las lágrimas cuando se le dice que “El País de las Maravillas” está vedado a los niños de color, y cuando observa cómo los ominosos nubarrones de la inferioridad empiezan a enturbiar su pequeño cielo mental, y cómo empieza a deformar su personalidad dando cauce a un inconsciente resentimiento hacia los blancos...; cuando el nombre de uno pasa a ser “nigger” y el segundo nombre se torna “niño” (cualquiera que sea la edad que se tenga), volviéndose su apellido “John”, tanto que a su mujer y a su madre se les niega el trato de cortesía “señora” (...) entonces, y sólo entonces, se comprende por qué nos parece tan difícil aguardar.