Meditación sobre la cultura y la barbarie. Observaciones a partir de Eduardo Nicol

Alo largo de estas líneas discurrimos sobre el fenómeno emergente de una nueva barbarie que es distintivo de nuestra época ante el desarrollo histórico de Occidente. Las consideraciones en torno a problemáticas culturales, que son en nuestros días asiduamente recurrentes en la literatura filosófi...

Descripción completa

Guardado en:
Detalles Bibliográficos
Autor principal: Arturo Aguirre
Formato: Artículo científico
Publicado: El Colegio de Michoacán, A.C 2007
Materias:
Acceso en línea:http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=13711205
http://biblioteca.clacso.edu.ar/gsdl/cgi-bin/library.cgi?a=d&c=mx/mx-017&d=13711205oai
Aporte de:
Descripción
Sumario:Alo largo de estas líneas discurrimos sobre el fenómeno emergente de una nueva barbarie que es distintivo de nuestra época ante el desarrollo histórico de Occidente. Las consideraciones en torno a problemáticas culturales, que son en nuestros días asiduamente recurrentes en la literatura filosófica, sociológica y de teoría política, van dando por supuesto que la cultura es una configuración estable que hace frente a la barbarie en sus concepciones tradicionales, a saber: como una disposición a la brutalidad, al salvajismo en la convivencia civil; o bien, una pobreza intelectual y confusión de categorías, criterios, y valores morales y políticos. No obstante, parece que hemos llegado a un tiempo en que hemos de meditar sobre nuestras propias preconcepciones para dar frente a las nuevas maneras en que se han trastornado las formas de ser culturales. Así, la barbarie comienza a manifestarse como una profunda alteración antropológica, existencial en el ser humano de los siglos XX y XXI. A partir de Eduardo Nicol, emprendemos la tarea de esa meditación impostergable para cuestionar y dar cuenta de aquella sutil perturbación que la racionalidad presenta cuando es incapaz de generar las finalidades, los sentidos y la recreación de la cultura y el humanismo, como formas de ser que se despliegan en el mundo. Se trata, en última instancia, de eliminar los supuestos de una barbarie exiliada de nuestra vida por un progreso civilizatorio de concreto y telecomunicaciones, para comprender a la barbarie radicada en nuestra propia manera de ver y hacer el mundo, o mejor aún, de nuestra manera de desmundanizar la vida.