In Praise of Excess

A Estanislao le gustaba la palabra desmesura. Le atraían las acciones que se llevaban adelante sin medida, fuera de todaescala razonable, desproporcionadas, excesivas. Quizás por eso, se dedicó a la Pedagogía. Después de todo, la educaciónera para él la más desmesurada de las acciones humanas, solo...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Diker, Gabriela
Formato: Artículo revista
Lenguaje:Español
Publicado: Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario 2026
Acceso en línea:https://revistacseducacion.unr.edu.ar/index.php/educacion/article/view/993
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Descripción
Sumario:A Estanislao le gustaba la palabra desmesura. Le atraían las acciones que se llevaban adelante sin medida, fuera de todaescala razonable, desproporcionadas, excesivas. Quizás por eso, se dedicó a la Pedagogía. Después de todo, la educaciónera para él la más desmesurada de las acciones humanas, solo equiparable, solía decir, al amor. Lo decía así: “Una característica singular de la intervención educativa es su inadecuación o, quizá sea más exacto decir, su carácter desmedido, desmesurado, inapropiado, no correspondido”. A esa intervención “siempre en falta con el resultado” la calificó, retomando un concepto al que aluden Derrida y Roudinesco en aquel memorable diálogo publicado bajo el título “Y mañana... qué”, como in-calculable. El resultado de la acción educativa, sostenía, escapa a todo cálculo, “llega de golpe o muy lentamente, llega en el momento indicado o cuando no tiene valor, es decir que se trata de una operación que precisa admitir en algún punto de su recorrido la indeterminación plena del resultado”.