Sobre la deconstrucción del concepto de soberanía
Este trabajo expone la errancia deconstructiva en torno al concepto de soberanía en su tradición canónica en términos filosófico-políticos. El primer paso estará preocupado por tres nombres propios: Bodin, Hobbes y Rousseau. Entre ellos, no sin diferencias considerables, s...
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| Autor principal: | |
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| Otros Autores: | |
| Formato: | bachelorThesis Tésis de Grado acceptedVersion |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
2018
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | http://hdl.handle.net/2133/13670 http://hdl.handle.net/2133/13670 |
| Aporte de: |
| Sumario: | Este trabajo expone la errancia deconstructiva en torno al concepto de soberanía
en su tradición canónica en términos filosófico-políticos. El primer paso estará preocupado por tres nombres propios: Bodin, Hobbes y Rousseau. Entre ellos, no sin
diferencias considerables, se erige la espectacular maquinaria público-estatal moderna. El
soberano en cuanto tal, absoluto, inmortal e indivisible, renueva sus fundamentos místicos
a través del pacto o covenant civilizatorio; se erige así, a semblanza del hombre y con
fuerza de ley, su lugar público. Por encima de él Dios. Debajo de él la mujer, el niño y el
esclavo. Antes que él, la bestia. Pero entonces, ¿quién o qué primero?
Luego vendrán, el Concepto de lo político en aquél texto constitucionalista y la
figura teológico-política del soberano, ambos, potentes escritos elaborados por el jurista
alemán C. Schmitt. Allí la decisión soberana será y estará al límite de la escena, capaz de
subvertirlo todo entre configuraciones implicadas en lo político, el enemigo, el Estado,
Dios y la bestia. Todo vacila entre un manual de conducción política y un elogio fúnebre
al estilo griego. El agravio político que implicaría un tiempo sin enemigos, deja escuchar
la risa hiperbolizada de Nietzsche; ¿hay lugar para lo risible en materia de soberanía?
El último capítulo se dice en francés y no en latín: <<pienso, luego existo>>. Estas
son las palabras de una bestia re-finada. Última escena de un teatro imposible, en la cual
se multiplican especularmente el hombre en términos auto-bio-biblio-zoo-gráficos, el
animal que estamos si(gui)endo, y el discurso de la filosofía. Todos desnudos y sin
cabeza, un escándalo soberano. |
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