El precio de la exclusión: las desigualdades de nuestras periferias y el daño en el desarrollo humano de niños, niñas y adolescentes.
Una parte esencial de nuestra humanidad está pagando un precio altísimo: la exclusión social. Millones de niños, niñas y adolescentes crecen entre vulnerabilidades estructurales como la pobreza, la violencia, la falta de acceso a la educación, a la salud y a entornos protectores. Estas condiciones n...
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| Autor principal: | |
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| Formato: | Parte de libro publishedVersion |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires
2026
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | https://repositorio.ucalp.edu.ar/handle/UCALP/1189 |
| Aporte de: |
| Sumario: | Una parte esencial de nuestra humanidad está pagando un precio altísimo: la exclusión social. Millones de niños, niñas y adolescentes crecen entre vulnerabilidades estructurales como la pobreza, la violencia, la falta de acceso a la educación, a la salud y a entornos protectores. Estas condiciones no solo limitan su desarrollo (potencial genético), sino que hieren su capacidad de vincularse, de imaginar futuros posibles y soñar. Estas problemáticas no son hechos aislados, sino síntomas de una sociedad profundamente desigual, sostenida por modelos económicos y políticos que se concretan en acciones (e inacciones) que perpetúan la fragmentación de oportunidades. Cuando son de base, las carencias en la primera infancia y la adolescencia dejan cicatrices duraderas, no solo en los individuos, sino en el tejido social entero.
Al mismo tiempo, estamos frente a un shock multidimensional por parte de la tecnología que nos llena de externalidades positivas y negativas que nos pone en la necesidad analítica de revisar el impacto de la digitalización en nuestro modo de “estar siendo” humanos y cómo formamos el tejido de empatía y cooperación porque las interacciones humanas reales —presenciales, afectivas, de ayuda— son irremplazables para construir solidaridad y compasión.
Escuchar y aprender de los saberes comunitarios y populares que emergen desde nuestras periferias existenciales nos desafía a construir universidades verdaderamente abiertas, del pueblo y para el pueblo. No se trata solo de un ejercicio analítico, sino de un diálogo de reciprocidad: devolver la conceptualización al pueblo para nombrar sus realidades, sus luchas cotidianas y sus dolores colectivos. Transformando el conocimiento colectivo en la red de contención contra las múltiples crisis que hoy nos interpelan, reconociendo que en los márgenes laten las respuestas más urgentes.
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