Levantar viento en la rogativa: Señales, equivocaciones y comunicaciones entre humanos y fuerzas de la naturaleza
En este trabajo me interesa reflexionar sobre dos experiencias similares vividas en el nguillatum o rogativa mapuche. Al inicio y al final de mi trabajo etnográfico en una comunidad mapuche rural, en la Patagonia argentina, me señalaron como la responsable de haber levantado viento allí y me expulsa...
Guardado en:
| Autor principal: | |
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| Formato: | Artículo publishedVersion |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
Universidad de los Andes. Facultad de Ciencias Sociales
2017
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | http://hdl.handle.net/11336/63158 http://suquia.ffyh.unc.edu.ar/handle/11336/63158 |
| Aporte de: |
| Sumario: | En este trabajo me interesa reflexionar sobre dos experiencias similares vividas en el nguillatum o rogativa mapuche. Al inicio y al final de mi trabajo etnográfico en una comunidad mapuche rural, en la Patagonia argentina, me señalaron como la responsable de haber levantado viento allí y me expulsaron de la ceremonia. Me dedico a reflexionar sobre estas experiencias vinculando dos ejes. El primero analiza la categoría de las señales que circulan permanentemente en la rogativa y cómo se transita la comunicación entre todos los participantes (humanos, fuerzas de la naturaleza y deidades), entre quienes la comunicación emerge a veces opaca y otras veces transparente. El segundo eje deviene de trastocar el primer enunciado y preguntarme: ¿es posible que el viento me haya expulsado de la ceremonia? Recupero la propuesta de la ‘equivocación controlada’ (sensu Viveiros de Castro) para comprender la desconexión y conexión –aunque sea parcial– entre viento y curruf. Intento conectar también la agencia del viento a la re-producción de similaridades y alteridades dentro de la ceremonia. Mi objetivo último es contribuir a las reflexiones y los debates acerca de la etnografía y la escritura etnográfica cuando nuestras propias experiencias como etnógrafos en campo nos atraviesan y nos atrapan, transformándose en ‘trastornos ontológicos’ que vale la pena desandar. |
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