A mi hijo lo eligió dios. Un análisis sobre las moralidades en torno a muertes violentas en villa La Tela (Córdoba-Argentina)

En este artículo busco reflexionar, etnográficamente, sobre diferentes moralidades configuradas en torno a una muerte acontecida en una villa de Córdoba en diciembre de 2010. Ludo Hernández era un joven de 18 años quien era acusado de incurrir en ciertas prácticas delictivas tales como robos, consum...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Liberatori Banegas, Marina Gabriela
Formato: Artículo publishedVersion
Lenguaje:Español
Publicado: Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro. Programa de Pós-graduação em História 2019
Materias:
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11336/120792
http://suquia.ffyh.unc.edu.ar/handle/11336/120792
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Descripción
Sumario:En este artículo busco reflexionar, etnográficamente, sobre diferentes moralidades configuradas en torno a una muerte acontecida en una villa de Córdoba en diciembre de 2010. Ludo Hernández era un joven de 18 años quien era acusado de incurrir en ciertas prácticas delictivas tales como robos, consumo y venta de drogas, entre otras. Murió asesinado el 29 de diciembre de 2010 por el impacto de una bala, a dos cuadras de su casa. A partir de allí los vecinos de La Tela construyeron diversos relatos sobre esta muerte; muchos de ellos vinculados con cuestionamientos morales relacionados con su conducta, con la educación recibida por su familia, y por consiguiente, con la reputación de la misma. Su madre, por su parte, erigió su versión de los hechos en base a cuestiones sobrenaturales que le permitieron contrarrestar las acusaciones morales y, de alguna manera, "limpiar" la memoria del muerto, a la vez que canalizar el sufrimiento. En este sentido, intentaré reconstruir las diferentes explicaciones en torno a esta muerte, como así también las diversas moralidades que se jugaron en las mismas. Para ello compararé la muerte de Ludo Hernández, con la de otro joven quien también fue asesinado en la villa, pero en un contexto completamente diferente, puesto que era considerado por sus vecinos como un "chico bueno" y por tanto, su muerte fue llorada y considerada "injusta".